Abelardo de la Espriella inicia su mandato
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Abelardo de la Espriella inicia su mandato con mano dura, fracking y el cierre del diálogo

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Este 7 de agosto de 2026, en una ceremonia histórica celebrada en la Arena USC de Cali (y no en Bogotá), Abelardo de la Espriella juró como presidente de Colombia para el período 2026-2030. El abogado de 48 años, líder de Defensores de la Patria y conocido como “El Tigre”, recibió la banda presidencial de manos del presidente del Congreso, Honorio Henríquez, en un acto que marcó el fin del gobierno de Gustavo Petro y el inicio de un giro radical hacia la derecha.

Acompañado de su vicepresidente José Manuel Restrepo, De la Espriella se trasladó luego al Batallón Pichincha para su primer discurso como jefe de Estado. Allí, ante la tropa y el país, lanzó mensajes contundentes que resumen su visión: recuperar el orden, la autoridad y la libertad. “Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, afirmó. “Seré el presidente de todos los colombianos”.

Mensajes clave del discurso inaugural

El discurso de más de una hora estuvo dominado por la seguridad y el rechazo frontal a las negociaciones con grupos armados. De la Espriella declaró que “la opción del diálogo está completamente agotada” y que el Estado del gobierno saliente fue “suficientemente cómplice”. Anunció que en las próximas horas publicará un listado de organizaciones “narcoterroristas” para combatirlas sin tregua y dio la orden perentoria a las Fuerzas Militares y de Policía de enfrentar a todas las estructuras criminales: “tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado”.

Prometió megacárceles de máxima seguridad (al estilo de las de El Salvador), erradicación de cultivos ilícitos con fumigación de “última generación” y protección jurídica a los miembros de la fuerza pública. “Ningún crimen atroz volverá a ser tratado con guantes de seda”, dijo.

En materia energética, confirmó una de sus promesas más polémicas: autorizará el “fracking responsable y sostenible” bajo altos estándares técnicos y ambientales. “No podemos aceptar la caída de nuestra reserva de gas”, justificó, vinculando la decisión a la seguridad energética y a la recuperación de Ecopetrol.

Económicamente, anunció el congelamiento del gasto público mediante decreto, una reforma tributaria que incluye la eliminación del impuesto al patrimonio y el impulso a la inversión privada. Rechazó cualquier constituyente: “Gobernaré durante los cuatro años que ordena la Constitución… cuatro años son más que suficientes”.

Cerró con un llamado a la unidad y al patriotismo: “Todo por la patria, nada sin ella. Firmes por la patria”.

Las promesas electorales que ahora deben cumplirse

Durante la campaña, De la Espriella presentó el plan “Patria Milagro”, con 13 ejes. Los más destacados, y que repitió en el discurso, son:

  • Seguridad de mano dura: cero negociación con criminales, destrucción de 330.000 hectáreas de coca, captura o neutralización de cabecillas y construcción de 10 megacárceles.
  • Reducción del Estado hasta en un 40 %, recorte de burocracia y fusión de entidades.
  • Reactivación de hidrocarburos y minería legal, con fracking incluido, para crecer al 7 % anual.
  • Plan de choque de 10 billones de pesos para el sistema de salud.
  • Lucha anticorrupción con herramientas digitales, blockchain y auditoría forense del empalme.
  • Alineamiento internacional con Estados Unidos e Israel, y ruptura con regímenes que no respeten la democracia.

El vicepresidente Restrepo ya había anticipado que el 7 de agosto se firmarían decretos clave para nuevos contratos de exploración y los pilotos de fracking.

Los grandes retos del nuevo gobierno

De la Espriella hereda un país polarizado y con problemas estructurales. El margen de victoria fue el más estrecho de la historia reciente (apenas 250.000 votos sobre Iván Cepeda), lo que deja a casi la mitad del electorado en la oposición.

En seguridad, enfrenta el mayor número de combatientes ilegales en dos décadas, cultivos de coca en niveles récord y el fracaso de la “paz total”. En lo fiscal, una “bomba de tiempo”: déficit elevado, deuda en aumento y Ecopetrol con utilidades desplomadas. La crisis del sistema de salud, la incertidumbre energética y un Congreso fragmentado completan el panorama.

La gobernabilidad será compleja: el Pacto Histórico anunció “desobediencia civil” y ausentismo en la posesión. Cualquier avance en fracking o recortes estatales generará movilizaciones y batallas judiciales.

Reacciones inmediatas

La izquierda, liderada por Petro y Cepeda, cuestionó la legitimidad del nuevo gobierno y llamó a la resistencia pacífica. Sectores de la derecha y el empresariado celebraron el “retorno del orden” y la apertura a la inversión. Internacionalmente, asistieron el rey Felipe VI de España, Javier Milei, Daniel Noboa y delegaciones de Estados Unidos, en una señal de realineamiento.

Mientras algunos ven en “El Tigre” la esperanza de recuperar la seguridad y el crecimiento, otros advierten riesgos de autoritarismo, polarización y daños ambientales. El mandato apenas comienza, pero el tono ya está marcado: autoridad, austeridad y confrontación frontal con el crimen.

Colombia pareciera entrar en una nueva era. Los hechos de los próximos 100 días dirán si la “Patria Milagro” es posible o si el país se profundiza en la división.

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