Esta mañana, el mundo de la cultura latina ha perdido su centro de gravedad. William Anthony Colón Román, el “Malo” que nos enseñó a ser mejores, el “Sheriff” que patrulló nuestra conciencia y el músico que le dio a la salsa su columna vertebral, ha fallecido en la ciudad que lo vio nacer. Willie Colón colgó el trombón en este plano.
Decir que Willie Colón fue un salsero es una simplificación casi ofensiva. Willie fue a la salsa lo que Paul McCartney fue al rock: el arquitecto de las estructuras, el visionario de los arreglos y el hombre que entendió que una canción puede ser, al mismo tiempo, un éxito de radio y un manifiesto sociológico. Si la salsa es el lenguaje de la calle, Willie Colón fue su gramática más audaz.
1. El Bronx en las venas: La forja de un rebelde
Willie no pidió permiso para entrar en la historia; la asaltó. Nacido en 1950 en un Bronx que ardía entre la precariedad y la efervescencia, creció bajo el ala de su abuela Antonia, quien le inculcó el orgullo de ser puertorriqueño en el epicentro del imperio.
A los 17 años, cuando otros adolescentes apenas descifraban su destino, Willie ya estaba grabando El Malo (1967) para el sello Fania. En aquel entonces, los críticos—esos que prefieren la técnica sobre el alma—se burlaron de su sonido. Decían que su trombón era “sucio”, que su banda no tenía armonía. Willie, con una inteligencia callejera superior, se apropió del insulto. Se vistió de gánster, posó frente a carteles de “Buscado” por el FBI y le dio a la diáspora latina un antihéroe en quien creer.
El binomio de oro: La voz de Héctor, el cerebro de Willie
Es imposible entender a Colón sin su primera gran alianza: Héctor Lavoe. Willie era el estratega, el productor que escuchaba sonidos del futuro; Héctor era el alma herida. Juntos, crearon una estética cinematográfica. Discos como Cosa Nuestra y Lo Mato convirtieron al criminal de esquina en un personaje trágico de tragedia griega. Willie no solo producía música; estaba dirigiendo una película sonora sobre la supervivencia en el barrio.
2. La Revolución Intelectual: El sismo de la era Blades
Si la etapa con Lavoe fue el instinto y la calle, la alianza con Rubén Blades fue el intelecto y la patria grande. Fue un choque de placas tectónicas que cambió la música caribeña para siempre. Willie, el productor consolidado que buscaba nuevas rutas, y Rubén, el abogado panameño con una libreta llena de versos sobre la realidad social.
Siembra: La Biblia de la Salsa
En 1978 lanzaron Siembra. No fue un disco, fue un manifiesto que rompió todos los moldes.
“Pedro Navaja”: Una ópera urbana que desafió las reglas radiales. Willie creó una atmósfera con sirenas, ruidos de calle y un arreglo de metales que crecía como una amenaza.
“Plástico”: Un ataque directo al materialismo y un llamado a la unidad latinoamericana que hoy, ante su partida, resuena como una profecía.
La ruptura que dolió a un continente
La tragedia de su amistad es quizás el capítulo más amargo de la salsa. Tras décadas de colaboración, una demanda por incumplimiento de contrato en 2003 dinamitó su relación. El pleito legal se volvió personal y público. Fue la colisión de dos egos colosales: el de Willie, el arquitecto que exigía respeto por la estructura, y el de Rubén, el idealista que miraba hacia otros horizontes. Verlos morir sin haberse dado ese abrazo final es una herida que la salsa llevará siempre abierta.
3. El Sheriff de la Comunidad y el Hombre Político
Willie Colón nunca fue un artista de torre de marfil. Para él, el trombón era un acta de votación. Se involucró en la política de Nueva York porque entendía que el poder era la única forma de cambiar las condiciones del Bronx.
Fue el primer latino en la directiva de la NYCLU y su título de “Sheriff” en el condado de Westchester no fue un capricho; fue una extensión de su vocación de orden y justicia. Luchó por los derechos de los inmigrantes y contra la brutalidad policial con la misma fuerza con la que soplaba su instrumento. Willie demostró que el artista no solo entretiene, sino que tiene la obligación de incomodar al poder.
4. Venezuela: El amor que dolió hasta el final
Para Willie Colón, Venezuela no era un mercado; era su segunda trinchera. Su conexión con el país fue mística desde los años 70, pero en las últimas dos décadas, esa relación se transformó en una causa personal y dolorosa.
Willie se convirtió en el crítico más feroz de los regímenes autoritarios en Venezuela. No lo hacía por conveniencia, sino por un afecto genuino hacia un pueblo que lo adoptó como uno de los suyos. Su tema “Simón” dejó de ser una pieza histórica para convertirse en un himno de resistencia. Willie sufría por Venezuela como se sufre por un hijo, y su voz fue, para muchos venezolanos, el eco de una libertad que él nunca dejó de reclamar.
5. Cronología de un Mito: Las estaciones del “Malo”
1950: Nace el 28 de abril en el Bronx, New York.
1967: Lanza El Malo, iniciando la revolución de la salsa urbana con Fania.
1973: Se separa de Héctor Lavoe para iniciar su etapa como productor y explorador de sonidos globales (Brasil, España, África).
1978: Publica Siembra junto a Rubén Blades, el disco más vendido de la historia del género.
1989: Lanza “El Gran Varón”, rompiendo tabúes sobre la identidad de género y el VIH.
1994: Se postula para el Congreso de los Estados Unidos.
2004: Recibe el Grammy a la Excelencia Musical.
2010-2026: Activismo incansable por los DD.HH. en Latinoamérica, especialmente por Venezuela.
2021: Sobrevive a un accidente casi fatal, demostrando su temple de acero.
2026: Fallece en Nueva York, dejando un vacío irreemplazable.
6. Curaduría de Genio: 10 arreglos que cambiaron la salsa
Willie no solo tocaba; él pintaba con los metales. Aquí están las 10 piezas esenciales donde su mano como arreglista y productor alcanzó la inmortalidad:
“La Murga”: El riff de trombón más icónico de la historia. Es el sonido de la fiesta y el peligro fundidos en un solo soplo.
“Aguanile”: La introducción de la mística yoruba con una agresividad psicodélica que nadie se había atrevido a grabar antes.
“Pedro Navaja”: Un diseño sonoro cinematográfico. El uso de la sirena y el ambiente de calle cambió la forma de producir salsa para siempre.
“El Gran Varón”: Una cátedra de storytelling. El arreglo de vientos es solemne y trágico, subrayando la soledad del personaje.
“Gitana”: La fusión perfecta. Willie tomó el aire flamenco y lo metió en la clave de salsa con una elegancia que aún hoy parece futurista.
“Idilio”: La demostración de que el “Malo” podía ser el más romántico. Un arreglo limpio, nostálgico y eterno.
“Plástico”: La introducción disco-funk que engaña al oído para luego explotar en una salsa de conciencia. Genialidad pura en la estructura.
“Sin Poderte Hablar”: Una joya de su etapa solista donde los trombones lloran con una sofisticación casi jazzística.
“Che Che Colé”: La conexión africana. Un arreglo juguetón que puso a bailar a todo el continente, desde los niños hasta los abuelos.
“Simón”: Un arreglo épico que suena a historia, a gloria y a libertad. Es su carta de amor definitiva a la gesta bolivariana.
7. Cifras de un Gigante
| Concepto | Logro |
| Ventas Totales | Más de 30 millones de copias. |
| Producciones | Más de 40 álbumes como líder o colaborador. |
| Grammys | 11 nominaciones y el Lifetime Achievement Award (2004). |
| Impacto | Inducido al International Latin Music Hall of Fame. |
El eco eterno
Willie Colón se nos ha ido de este plano pero su compañía en sus melodías nunca, nos deja una estructura sobre la cual caminar. Fue el tipo que no se vendió, el que peleó con sus amigos cuando fue necesario, el que amó a Venezuela con furia y el que nos enseñó que ser “malo” era, en realidad, tener el valor de ser uno mismo en un mundo que te quiere invisible.
Hoy, las banderas en el Bronx y en San Juan están a media asta. Pero en Caracas, en Panamá y en Cali, su trombón seguirá retumbando en cada esquina. Willie no ha muerto; simplemente ha pasado a la posteridad para vigilar, desde su trono de asfalto, que la siembra siga dando frutos.
Buen viaje, Arquitecto. El barrio te guarda el sitio.
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