Lo que el mundo está viendo hoy en Venezuela no es una repetición de los ciclos de protesta del pasado. Es algo inédito. Mientras los algoritmos y la Inteligencia Artificial intentan predecir el comportamiento de las masas, la realidad física de este 12 de febrero de 2026 ha roto todos los modelos.
Según un reporte exclusivo de Bloomberg, la represión estatal —ese muro que parecía inexpugnable— ha mostrado grietas inusuales tras una serie de operativos internos y “razias” contra el círculo íntimo del Palacio de Miraflores. Hoy, en el Día de la Juventud, el país no solo conmemora una fecha histórica; está forjando un nuevo paradigma de resistencia. O al menos eso se esperaba esta mañana.
El Informe Bloomberg: ¿Se debilita el aparato de control?
La tesis de Bloomberg es clara: la intensidad de la represión ha menguado no por voluntad política, sino por una fragmentación interna del poder. Tras las recientes redadas y purgas en el entorno más cercano a Nicolás Maduro, el flujo de órdenes parece haber entrado en una “caja negra” de incertidumbre.
Este vacío ha permitido que el miedo, ese combustible principal del control social durante años, comience a evaporarse. Según fuentes consultadas por el medio financiero, el aparato de seguridad está más ocupado en sus pugnas de supervivencia interna que en sofocar las movilizaciones que hoy recorren el país. Es la “demolición controlada” de la que hablábamos en nuestros posts anteriores: las instituciones del siglo XX colapsando bajo el peso de su propia ineficiencia.
12 de Febrero: Movilizaciones pacíficas recuperan el territorio
Desde tempranas horas de la mañana, ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia y San Cristóbal han sido testigos de un fenómeno que muchos daban por muerto: la movilización masiva y pacífica.
A diferencia de otras épocas, la protesta de hoy tiene un tinte disruptivo. No hay “líderes mesiánicos”, sino una organización horizontal y ciudadana. Las redes sociales, ahora saturadas de bots y verificadores de IA, no han podido contener la “verdad física” de miles de personas reclamando un cambio de rumbo. La “verdad” ha dejado de ser una disputa en X (Twitter) para volver a ser una presencia física en las avenidas.
La “Caja Negra” de Miraflores y el fin de la causalidad
Lo que sucede en el poder venezolano es el ejemplo perfecto del fin de la Ilustración política. Las decisiones ya no siguen una lógica racional comprensible para los ciudadanos. Las redadas internas en el gobierno han creado un escenario de opacidad donde nadie sabe quién dará la próxima orden.
Esta desconexión entre el mando y la ejecución es lo que ha permitido que hoy, 12 de febrero, las calles se llenen sin la respuesta violenta sistemática de años anteriores. La realidad está aquí: un sistema que funciona por inercia pero que ha perdido su capacidad de explicar por qué hace lo que hace.
Hacia una nueva ética de la resistencia
Venezuela está experimentando en tiempo real lo que sucede cuando el poder digital de control se enfrenta a una voluntad de identidad recuperada . La sociedad venezolana parece haber entendido que en un mundo de verdades personalizadas y algoritmos de control, el único refugio de la realidad es el cuerpo presente y la acción colectiva.
Hoy, mientras las movilizaciones continúan de forma pacífica, el mensaje para el mundo es que la “civilización del sentido” se niega a morir en este rincón del Caribe. El resultado de este 12 de febrero no se medirá en un trending topic, sino en la capacidad de los venezolanos de sostener su realidad frente a la caja negra del poder.
Entonces, ¿Cede la Represión o Desaparece el Miedo? (La falla en el sistema de control)
Plantear la situación de este 12 de febrero de 2026 como una conclusión simple —si el régimen se volvió “benevolente” o si la gente súbitamente perdió el miedo— es un error de análisis. Lo que Venezuela está presenciando hoy es una falla catastrófica y simultánea en la operatividad del control estatal.
Si analizamos la data de Bloomberg en conjunto con la realidad en las calles, la respuesta a la interrogante no es lineal, sino sistémica:
1. La Represión no “cede”, se fragmenta por dentro
El aparato de seguridad del Estado no ha tomado una decisión política de permitir las protestas. Como indican los reportes de inteligencia financiera, las recientes purgas y “razias” internas en el círculo de Miraflores han roto la cadena de mando efectiva.
La “caja negra” del poder, ese mecanismo que antes emitía órdenes claras y verticales, se ha vuelto opaca e impredecible incluso para sus propios operadores. Un funcionario de seguridad que hoy duda sobre a quién debe lealtad, o que teme ser el próximo purgado, es un engranaje que se traba. En la duda del represor, nace la oportunidad táctica del ciudadano. El sistema no funciona hoy porque sus propios mecanismos internos de supervivencia entraron en conflicto.
2. El Miedo se evapora ante la incoherencia del castigo
El miedo político es una respuesta racional ante una amenaza creíble y predecible. Durante años, la ecuación para el venezolano era simple: protesta visible equivalía a castigo seguro. Hoy, esa certeza se quebró.
Al romperse la previsibilidad de la respuesta estatal debido a su crisis interna, el costo percibido de salir a la calle disminuyó drásticamente. La psique colectiva, ante el vacío de autoridad en la calle, ocupó el espacio. No es que la ciudadanía haya perdido el miedo mágicamente; simplemente, la maquinaria de coacción dejó de operar con la eficiencia necesaria para paralizar a la masa en un día simbólico como hoy.
Estamos ante una tormenta perfecta provocada por el desgaste interno del poder. No es que el control haya cambiado de manos, es que la naturaleza misma de su ejecución se está disolviendo por fricción interna.
El miedo desaparece porque la represión se fragmenta y pierde coherencia. Se ha creado un círculo vicioso para el régimen y un círculo virtuoso para la resistencia ciudadana.
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